Amor a Primera Muerte – NL | EP 1

VIDA

Una mañana fresca donde los rayos del sol, más que dar calor, dan abrazos.

Un cielo azul despejado, de colores vibrantes que rebosan vida, característico de los meses de primavera.

Eso es la vida.

Un grupo de extraños que convergen en el café más cercano, con sus caras llenas de ánimos, sus conversaciones misceláneas y sus sonrisas radiantes, alimentan los ruidos característicos de la jungla de cemento.

Y eso es la vida.

Una taza de café, de grado puro, cremoso, colado a la perfección y que desprende un aroma hogareño que estimula los sentidos.

¡De eso se trata la vida!

Al menos, así es la vida desde la perspectiva de Minho Kwon.

Y es que lo que para muchos es simplemente un día más en sus rutinas, a los ojos de Minho se trata de un milagro que vive en carne propia cada amanecer.

Más que disfrutarla, Minho ama la vida.

Amor-a-primera-muerte-Minho

Y no porque tenga una vida perfecta.

Minho ama la vida por el mismo concepto abstracto que conlleva el estar vivo, el existir.

Ama lo efímeros que somos, y ama el hecho de que en ese minúsculo instante que existimos, podamos tocar tantas vidas, siendo capaces de incluso cambiar el destino.

Somos capaces de dejar un legado, una huella, una voluntad que otros pueden decidir seguir e incluso elevar.

O simplemente atesorar como un preciado recuerdo.

Minho incluso ama el hecho de que a veces la vida termine en el oblivion, después de todo, eso también es parte de la vida.

Es por eso que, todas las mañanas sin falta, Minho va hasta el café más popular de la zona residencial de San Myshuno y allí pide una taza de café negro, la cual bebe con lentos sorbos durante 7 minutos antes de comenzar su día.

Y justamente hoy, el día de Minho comenzó temprano, con una notificación en su SimsPad.

– ¡Hablando de la vida! Supongo que es hora de trabajar. – dijo Minho lenvantándose de su mesa y casi al mismo instante, una tímida lluvia comenzó a caer.

– Estaba completamente despejado y ahora llueve, hm. – musitó en voz baja, y con cada paso que daba, una niebla fúnebre surgía de su ser.

– Supongo que tuviste una buena vida. Una vida plena y fructuosa, suficientemente significativa para que los cielos lloren. Alguien que tuvo una vida plena… ya te quiero conocer.

Esas últimas palabras ya no venían de Minho, al menos no el chico amante de la vida.

Sus ropas, meticulosamente planchadas habían sido reemplazadas por una túnica y capucha tan gruesas como sombrías.

Allí, en pleno bullicio y frente a todos los transeúntes que por alguna razón parecían no verlo, Minho se convirtió en La Parca, y siguió caminando como si nada hacia su “trabajo”.

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